Nuevo curso, las mismas caras
La tramitación de los presupuestos generales determinará el comienzo del curso presente, que arranca con nubarrones económicos todavía sobre nuestras cabezas. Se verá marcada por los comicios catalanes, muy influidos a su vez por el destino corrido por el Estatuto catalán después de la sentencia del TC; en este sentido, la abstención o voto en contra de CiU será importante, pues bastará con más votos a favor que en contra para que las cuentas del Gobierno sean aprobadas en el Congreso. La segunda corriente de fuerza en la tramitación parlamentaria de los presupuestos será la generada por las medidas de recorte del déficit. El Gobierno central ha perdido el apoyo de la izquierda a causa de éstas. Quedan los nacionalistas vascos, sin cuyo concurso es más que probable la convocatoria de elecciones anticipadas, un escenario que a día de hoy se nos antoja poco previsible. El Gobierno socialista tiene cartas para jugar la negociación con los nacionalistas vascos, empezando por las diputaciones forales.
Las dificultades, empero, no terminan allí para José Luis Rodríguez Zapatero: su enfrentamiento con el arco izquierdista del Parlamento tendrá un reflejo sindical en la calle con ocasión de la huelga general. Romper con los sindicatos significa para el PSOE romper con un importante caladero electoral. Son un grupo de influencia de primer orden para los socialistas (quizá no tanto para los populares, pero no olvidemos que, entre los antecedentes de la derrota electoral popular de 2004, figura otra huelga general). El Gobierno quiere ganar tiempo para recomponer sus relaciones con la izquierda sociológica y que mejoren los datos económicos y, en especial, el empleo. Eso implica no solo pasar el trámite de la aprobación de presupuestos. Significa además un nuevo impulso político. Hay indicios de que podría llegar un cambio de ejecutivo tras la huelga (por ejemplo, el regreso de Corbacho a la política catalana). Ese cambio en el ejecutivo podría apuntar incluso novedades en la candidatura socialista a las generales, dicen algunos. El hecho de que esta cuestión sobrevuele el ambiente socialista ha podido influir en el desafío encabezado por Tomás Gómez hacia ZP. El resultado de las primarias que enfrentan a éste con Trinidad Jiménez en el socialismo madrileño podría a su vez tener influencia en el futuro liderazgo socialista federal.
En todo caso, más allá de los cambios de gobierno, el futuro político español debería venir marcado por un manejo coherente de la economía en crisis y por propuestas acertadas sobre cómo cambiar el modelo productivo afectado por la crisis financiera y del ladrillo y el modelo laboral, para generar empleo flexible y seguro a un tiempo. Ni el Gobierno ni la oposición están liderando el país en esta dirección, a día de hoy. Quizá ello explique algunos indicios de reflejo sociológico de la crisis, como el descrédito de la política en general y la bajísima puntuación en las encuestas que obtienen los dos candidatos a presidente. Cabe preguntarse si mejorar la capacidad de liderazgo en cualquiera de los dos partidos políticos con vocación de Gobierno podría ser suficiente para vencer en unas generales sobre cuyo resultado todavía no se ha dicho la última palabra.